Para algunos pensadores contemporáneos el campo de concentración se convierte en la constatación del fracaso de la modernidad y de su proyecto ilustrado. Zygmunt Baumann afirma que el genocidio nazi se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanzada de nuestra civilización y en un momento álgido de nuestra cultura y, por esta razón, es un problema de esa sociedad, de esa civilización y de esa cultura.

A mediados de marzo de 1939 medio millón de refugiados había cruzado la frontera de Francia, tras la caída de los frentes del norte y de Cataluña. Más de 80.000 españoles se comprometieron con el ejército francés para combatir de nuevo al fascismo; diez mil fueron hechos prisioneros y siete mil pagaron con su vida el pesado tributo de esta lucha.  

El país de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad que acogió de manera desigual a los refugiados, pues incluso Manuel Azaña denunció en sus memorias el trato que recibieron, cambió su política. El rechazo abierto hacia ellos se produjo cuando el frente popular quebró y el socialista Daladier asumió la jefatura de un gobierno de concentración, orientado hacía el centro derecha, que ya había firmado el Pacto de Munich.

Los españoles fueron internados en los campos franceses, según los términos del Decreto de 12 noviembre de 1938. En el título IV recogía las medidas relativas a ciertos extranjeros indeseables: El extranjero que se encuentre en la imposibilidad de dejar el territorio francés, podrá ser obligado a residir en los lugares fijados por el Ministro del Interior…

Con dos tercios de Francia ocupados por Alemania y la zona libre en manos del gobierno colaboracionista de Pétain, los refugiados republicanos fueron considerados elementos peligrosos para la seguridad pública y sometidos a estricta vigilancia. Suponían un problema para el Gobierno de Vichy porque eran reclamados por unos y otros: España quería conseguir extradiciones y los alemanes exigían el traslado de los comunistas activos a su zona de control y querían impedir la emigración de los que consideraban elementos hostiles.

En definitiva, los refugiados quedaron al albur de la benevolencia y humanidad de las autoridades locales y de la población civil.

Hoy se desconoce cómo se tomó la decisión de deportar a los españoles. El documento alemán más significativo es una Circular del 25 de septiembre de 1940 dirigida por la Gestapo a todas las autoridades del III Reich en el conjunto de la Europa ocupada. Procedía de las más altas esferas, pues según el documento, el destino de los republicanos había sido establecido por orden de Hitler.

El jefe de los servicios de Seguridad del Reich, mediante el Decreto 5740/38-IV A2, detallaba el destino hacia los stalags alemanes de los denominados combatientes rojos de nacionalidad española detenidos en la Francia ocupada. La orden determinó la búsqueda sistemática de los republicanos que dejaron de ser considerados prisioneros de guerra. Ya no estaban amparados por el derecho internacional, en concreto por los Convenios de Ginebra. Este cambio de estatuto tenía como consecuencia la deportación a Mauthausen.

Si tenemos en cuenta las fechas de los primeros convoyes a los campos de concentración, los republicanos no podían haberse significado por sus actividades contra el ocupante nazi, por lo tanto, era la represalia por actos anteriores, en su caso, por la defensa contra el fascismo.

Pero la deportación de los republicanos españoles no solo fue consecuencia directa de la política de Vichy y de la Gestapo, sino que también hay que tener en cuenta que el gobierno de Franco se desentendió de su suerte.

Refugiados sin seguridad desde el fin de la Guerra Civil, apátridas sin protección desde 1940 e ignorados sin reconocimiento desde 1945, fueron un grupo de unas especiales características en el universo concentracionario.

Si bien el monumento en recuerdo a los españoles del campo de concentración de Mauthausen indica que hubo 6.503, Benito Bermejo y Sandra Checa elevan la cifra a 8.700.

En el último control del 4 de mayo de 1945, quedaban en Mauthausen y sus anexos (Gusen, Steyr, St. Valentin, Ebensee, Lenzig, Gunskirchen, Linz II…) 2.184 españoles, que fueron liberados entre el 5 y 7 de mayo de 1945 por las tropas norteamericanas. 

Ha pasado a la posteridad la foto de la entrada de los aliados al campo en la que aparecía la pancarta pintada por Francesc Teix. En ella se podía leer: Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras.

En el Centro Documental de la Memoria Histórica (Salamanca) se encuentra el Fondo de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos Víctimas del Fascismo. De acuerdo con sus estatutos, su fin era ayudar a los deportados, internados políticos y sus familias por medio de la ayuda mutua entre los mismos, y particularmente apoyar, coordinar y controlar la ayuda oficial de los organismos creados a tal efecto. Hoy día constituye una fuente fundamental para estudiar la historia de los deportados republicanos.

En el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares), en la Sección Asuntos Exteriores, hay documentación de las embajadas y consulados españoles relativa a la II Guerra Mundial.

Para saber más, recomendamos consultar:

Memorial Mauthausen

PARES. Españoles deportados a Campos de Concentración Nazis 1940-1945

Buscador de españoles deportados en campos de concentración

Archivo General de la Administración

Centro Documental de la Memoria Histórica

Bundesarchiv Koblenz

Archives Nationales

Semprún, Jorge, La escritura o la vida. Barcelona, 1995.

Baumann Zygmunt, Modernidad y Holocausto, Toledo, 1998.

Dreyfus Armand G., El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco. Barcelona, 2000.

Juliá Santos (coord.), Víctimas de la Guerra Civil. Madrid, 2006.

Bermejo, Benito, El fotógrafo del horror: la historia de Francisco Boix y las fotos robadas a los SS de Mauthausen. Barcelona, 2015.

Bermejo, Benito y Checa, Sandra, Cartas desde Mauthausen. Madrid, 2016.

 

Filmografía:

Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno. Lorenzo Soler. 2000.

Mauthausen, viaje al infierno del holocausto nazi. Joan Sella, Cesc Tomas. 2017

El fotógrafo de Mauthausen. Mar Targarona. 2018

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