Entre los muchos ramos de Marina, todos piden un conocimiento muy facultativo, si bien es uno de los de más gravedad, el de los puertos, pues son el abrigo de las escuadras  y embarcaciones del comercio.

Con estas palabras el secretario de Estado y del Despacho de Marina mostraba al de Indias la importancia que tenían los puertos, a propósito de la provisión de la Capitanía de Puerto de Veracruz en 1778. Y así era, no solo por ser refugio de los buques de la Armada, sino también de los buques mercantes, en un periodo en el que el tráfico marítimo se intensificó, tras promulgar Carlos III el Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio Libre de España a Indias.

De tal manera que, a partir del siglo XVIII el poder central estaba especialmente interesado en controlarlos y ocupar el papel que hasta entonces habían tenido las hermandades, consulados y ayuntamientos. Esta política se enmarcó en una más amplia: la organización de las fuerzas navales y del personal por medio de una estructura con base territorial, los Departamentos Marítimos en la península y los Apostaderos en Ultramar. 

Se fueron estableciendo las capitanías para el gobierno de los puertos. En 1737 se dispuso que la autoridad recayera en oficiales de Marina, ancianos o accidentados, que no pudieran servir en navíos. Pero por los emolumentos que podían recibir, eran puestos solicitados, y no siempre fueron ocupados por marinos retirados. También los oficiales del Ejército podían estar al frente de las capitanías. Así, la del puerto de Barcelona se confirió al capitán de navío Pablo Vicente Lasaña en 1790; pero antes había sido ocupada por Diego de Arriola, capitán de Infantería, y por Luis Carbonell, marqués de la Quadra, que era capitán del Regimiento de Palma y llegó a teniente coronel.

Fue preciso establecer la relación con el resto de las autoridades locales, pues las desavenencias y los roces eran constantes. En 1798 se determinó que el capitán de puerto, por la naturaleza de su empleo, debía estar en las Juntas de Sanidad junto a los regidores y nobles. También se estimó que tenían que informar a los gobernadores de las ciudades de los buques que entraban y salían de los puertos. 

Las obras de construcción y mantenimiento de los muelles, diques y embarcaderos se realizaron con el decisivo apoyo del poder central. En primer lugar, por su elevada cuantía económica, aunque en muchos casos, se sufragasen a costa de los arbitrios y caudales públicos, tal y como se dispuso por una Real Cédula de Su Magestad y señores del Consejo de Castilla de 1786. En segundo lugar, porque los ingenieros militares y navales eran los únicos que podían llevar a cabo la dirección facultativa de las obras. Ejemplos de estas actuaciones fueron la reconstrucción del puerto de Acapulco, que estaba arruinado a finales del siglo XVIII, así como, la mejora del recinto portuario y la fortificación de la plaza de Cartagena.

Aunque hubo algún intento de promulgar unas ordenanzas propias para todo el sistema portuario, no fue posible, de modo que se fueron aprobando disposiciones particulares. Al final, las Ordenanzas Generales de la Armada de 1793 constituyeron la norma básica. El  Título VII del Tratado 5º, estaba dedicado a la Policía general de los puertos y otros cualesquier fondeaderos a cargo de los capitanes de puertos, y de las demás obligaciones de éstos.

¿Cuáles eran? No les faltaba trabajo. Disponían el buen amarradero de las embarcaciones, su buen orden en cargas y descargas, sin descuidar otras cuestiones, como la seguridad y la limpieza. El reglamento gubernativo del puerto, dársena y bahía de Málaga ya indicaba en 1773 que no podía ningún capitán, patrón o marinero de las embarcaciones que estén dentro de la dársena, arrojar al agua, lastre basura, esteras, ni otro material alguno por lo perjudicial que es al fondo de la dársena, y el que lo hiciere, será castigado con la multa de cuatro ducados.

También debían conocer bien el puerto, para lo que disponían de una falúa con la que se desplazaban para situar los escollos y demás accidentes que pudiera tener, realizar sondeos y, en general, todas las operaciones que le permitieran dibujar y actualizar el plano del mismo.

Bajo sus órdenes había diferentes profesionales, entre los que destacaba el práctico. Como es conocido, era un piloto o un hombre de mar experimentado, que debía ayudar a los buques en las maniobras de entrada y salida. En 1793 no había prácticos en el puerto de Barcelona, por lo que el capitán propuso para práctico mayor, al vigía de Montjuic, un oficial de mar jubilado, Miguel Vergel; y para subalternos a Luis y Salvador Laporta, quienes desde su tierna edad lo están ejerciendo, sin haber percibido nunca derecho alguno por los buques de la Armada, ni al sacarlos, ni al introducirlos en el puerto y rada.

Se reconocieron unos derechos de puerto, como el de ancoraje, que se cobraba por anclar; o el de tonelaje, que pagaba la embarcación por cada tonelada cargada o descargada. Parte de estos aranceles iba destinado a pagar al personal de los puertos, pero otra ingresaba en las arcas del Almirantazgo.

En el Archivo General de Simancas (Valladolid) y en el Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán (Viso del Marqués) se encuentra la documentación relativa a puertos generada por la Secretaría de Estado y del Despacho de Marina. En el segundo están los expedientes personales, tanto de los oficiales de la Armada, que fueron capitanes de puerto, como de los ingenieros navales que participaron en las obras de los mismos. También  se custodian los expedientes generados por las capitanías de puerto de los extintos departamentos marítimos (Cádiz, Ferrol y Cartagena). No obstante, en el Archivo Naval de Cartagena, existe aún documentación sobre los puertos de esta jurisdicción.

En varios Archivos del Subsistema Archivístico del Ejército de Tierra (Archivo General Militar de Segovia, Archivo General Militar de Madrid y Centro de Estudios Geográficos del Ejército) se custodian los planos y proyectos realizados por el Cuerpo de Ingenieros Militares.

En el Archivo del Museo Naval figura la documentación de la Dirección de Hidrografía, entre la que constan las noticias enviadas por los capitanes de los puertos y cartografía de interés.

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